Entradas con la etiqueta ‘costumbres’

A la chita callando

A la chita callandoSiendo pequeña me imaginaba que esta expresión venia de la película de tarzán, pero nada más lejos. No se conoce con seguridad de donde procede dicha expresión, algunas de las teorías son las siguientes:

La primera de ellas se refiere al derivado del verbo “chistar” como onomatopeya de mandar callar: “¡Chist!” que se suele acompañar poniendo el dedo índice perpendicular a los labios.

Otra de las teorías, se remontaría a los tiempos de la dominación musulmana, cuando los invasores norteafricanos introdujeron en la península un tipo de caza en el que se utilizaba el gato montés, en realidad una especie de leopardo muy veloz y voraz conocido como cheetah o chita (referencia fonética de “cheetah” en inglés). Domesticado por los árabes para la caza, éstos, introdujeron ese modelo en la Península Ibérica, sin embargo, Alfonso X el Sabio, prohibió esta práctica. No obstante, se continuó realizando de manera furtiva y al hacerlo así se refirieron a ella como “cazar con la chita callando” o de una manera silenciosa.

La otra explicación es más vulgar, pero también probablemente más acertada, y se refiere al juego de la chita, hasta hace poco bastante popular aún en muchas zonas. La chita es otro nombre que recibe la taba o hueso astrágalo de la pata de los corderos. Este hueso se utilizaba no sólo por los niños en sus juegos, sobre el que se colocan monedas y se tira con tejos, desde cierta distancia intentando tumbarlo, ganando el ‘tejo’ el que queda más cerca del dinero, sino también por los adultos para hacer apuestas, hasta que fueron prohibidas y como es de adivinar, se continuaron jugando a escondidas, dando de nuevo el significado a nuestra expresión.

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Hacer la pelota

Ser PelotaSer un pelota o hacerle la pelota a alguien es adularle para conseguir algún beneficio presente o futuro.

Su origen lo encontramos en el sobrenombre que recibían las amantes y señoritas de compañía de los señores adinerados bastantes años atrás, a las que llamaban “pelotas“. Estas señoritas trataban de agradar lo máximo posible a estos ricachones, pues cuanto más contentos estuvieran éstos, más beneficios obtendrían éstas, estas mujeres hacían y decían cosas del agrado de los hombres que las mantenían para que siempre las eligiesen a ellas y no a otras.

Otra teoría apunta a que proviene del siglo XIX. Por aquel entonces, el billar se hizo popular entre la nobleza española y el rey Fernando VII acostumbraba a jugar junto a cortesanos y nobles. A estos compañeros de juego, se les empezó a conocer como “pelotas” debido a que su principal misión en el juego consistía en dejar las pelotas o bolas de billar de manera que al rey le resultase fácil hacer carambola e introducir las bolas en sus respectivos agujeros.

Otras expresiones coloquiales como “hacer la rosca“, “bailar el agua“, “dar vaselina” o “tirar flores” se emplean en diversos países de habla hispana con el mismo significado que “hacer la pelota“.

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Luna de Miel

Recién casadosLuna de Miel. Esta expresión hace referencia a la noche de bodas y al tiempo posterior a esta que suele ser un viaje realizado por los recién casados. Todo el mundo sabe qué es una Luna de Miel pero, ¿saben realmente de dónde proviene esta expresión?

Hay varias tradiciones a lo largo de la historia que hacen referencia a esta expresión y en todas ellas es importante la miel ya que es un alimento asociado a la fertilidad, la dulzura y la felicidad de las parejas. La primera proviene de Babilonia donde, hace más de 4000 años, el padre de la novia le ofrecía al futuro esposo de su hija toda la cerveza de miel que fuera capaz de beber durante un mes (una luna).

Tiempo después, en la Antigua Roma, la madre de la novia les dejaba un tarro de miel en la habitación durante el primer mes después de la boda para que la novia lo usara como ungüento y así tener una piel reluciente y suave.

Se dice que fueron los Teutones en Alemania, quienes comenzaron con esta tradición; ellos celebraban sus bodas solamente bajo la luna llena y luego del evento, los novios bebían licor de miel durante los 30 días posteriores a la boda. Este período entonces llegó a conocerse como Luna de Miel.

Por otro lado se dice que la expresión “Luna de Miel”, data del siglo XVI, es de origen escandinavo y viene de una antigua costumbre de Europa septentrional, que significa “el primer mes” o “la primera luna” después de la boda. Durante este período, los novios acostumbraban tomar hidromiel, bebida elaborada a base de vino y miel que aumentaba la fertilidad.

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A pies juntillas

Expresión que utilizamos cuando queremos hacer hincapié en que creemos algo o a alguien con total seguridad.

RayuelaSu origen sin embargo no está demasiado claro, pero se cree que viene de un antiguo juego infantil en el que se debía saltar con los pies juntos y los ojos tapados por una venda y donde se seguía las instrucciones de un compañero, quien iba indicando qué se tenía hacer para ir saltando de un recuadro a otro que estaban pintados en el suelo. De ahí que ese hecho/acto de tener los pies juntos y creer ciegamente en lo que decía el compañero de juego.

Una de las derivaciones de este juego es la “Rayuela”, consistente en tirar una piedra a una casilla numerada e ir a recogerla alternando saltos con los pies juntos o otros recuadros a la pata coja.

También se dice que podría venir de la postura de estar firmes (en la que se colocan los dos pies en paralelo y muy juntos) otorgándole a la expresión ese significado de firmeza o seguridad a la hora de creer en algo.

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Ser más chulo que un ocho

ChulaposUsamos ese modismo para decir de alguien que actúa con cierta altanería y desafío y o va vestido de forma muy arreglada.

En la Comunidad de Madrid, España, un “chulo (a)” o “chulapo (a)”, perteneciente a una de las clases populares de la región, era la persona que desde el Siglo XIX y vestido de la forma estilada en la época, actuaba en conjunto con un característico orgullo y presunción, que lejos de ser arrogante, emanaba un tradicional encanto.

La indumentaria en las mujeres se conformaba de una blusa ajustada y una larga falda de lunares; en la cabeza un pañuelo rematado por un clavel. En los hombres pantalón generalmente negro, una chaqueta con un clavel en la solapa, chaleco y una gorra a cuadros blancos y negros llamada “parpusa”.

Estos chulapos, engalanados de esa guisa, tenían costumbre de, en el 15 de Mayo, (festividad de San Isidro Labrador, patrón de la localidad de Madrid) acercarse a la ermita del Santo a rezarle y realizar un festejo con bailes y comidas tradicionales en la pradera que lleva su nombre. El medio de transporte que empleaban masivamente era la Línea 8 del tranvía de la época, que hacía el recorrido entre la Puerta del Sol y el barrio del río Manzanares.

El pueblo acuñó esa frase, en la que enfatizaban el hecho de que no había algo con más chulería que un tranvía cargado de “chulapos”.
La festividad y la indumentaria en las celebraciones del Santo se ha mantenido intacta hasta nuestros días.

Tranvía linea 8

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SPAM

SpamLlamamos “spam” al correo electrónico que no hemos solicitado, generalmente publicitario y enviado masivamente, pero aunque pueda parecer increíble, la palabra ‘SPAM’ no tiene nada que ver con términos informáticos.

Originalmente la palabra SPAM surgió como abreviatura de “spiced ham” (jamón con especias), y fue la marca usada por la empresa charcutera estadounidense Hormel Foods en 1957 cuando lanzó al mercado su nuevo producto de carne. Durante la Segunda Guerra Mundial lo usaron como alimento los soldados británicos y soviéticos.

Sin embargo, el término hubiera acabado en el olvido de no ser por el grupo de humoristas británico Monthy Python, quienes en uno de sus sketches aparecían vestidos de vikingos leyendo un menú donde que solo se leía ‘SPAM’. Por ello, empezaron a gritar “‘¡Al rico SPAM!”. De ahí la asociación con una cosa abundante que nadie quiere, lo que hizo que terminara por asociarse al correo basura de Internet.

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Gilipollas

Gil ImonTal vez debido a nuestro carácter latino, somos los españoles un pueblo dado a la verborrea, gesticulamos y exageramos en nuestro modo de comunicarnos con los demás. Tenemos también una tendencia al incremento de palabras nuevas, que con el uso, se acaban incorporando al vasto universo del lenguaje.

Tal vez uno de estos calificativos más populares y extendidos es “gilipollas”.

Existía en la época del Duque de Osuna, allá por el siglo XVI, un personaje de alto copete llamado Don Gil Imón. Parece ser que era un destacado fiscal del Consejo de Hacienda de la época de Felipe III. Otras fuentes parecen indicar que este representante gubernamental era en realidad un insigne alcalde.

D.Gil Imón gustaba de codearse con gentes de las más altas esferas; acudía a reuniones de pompa donde se debatía acerca de asuntos de estado de gran trascendencia y donde se daba cita lo más granado de la sociedad madrileña.

Asistía a estos actos sociales siempre en compañía de sus dos hijas, muy poco agraciadas físicamente, a lo que se sumaba que poseían una inteligencia muy poco desarrollada. Debido a las escasas dotes de las muchachas, los pretendientes no abundaban. Por ello, cada vez que el alto funcionario aparecía en una fiesta junto a sus hijas, las malas lenguas comenzaban a comentar entre sí «Ahí va de nuevo don Gil con sus pollas», palabra que era empleada en la época para referirse a las mujeres jóvenes.

Rápidamente la asociación de ideas fue inevitable y los personajes de la época más proclives a la invención de mofas, la sorna y el ingenio comenzaron a fusionar en un mismo término la estupidez y las hijas del fiscal. Así, cuando se quería señalar que alguien parecía alelado o era corto de entendederas, se aludía a las «pollas» de don Gil Imón. De este modo, parece ser habría nacido la palabra «gilipollas» que conocemos hoy en día.

Aunque también existe el vocablo caló «jilí» cuyo significado es «inocente o cándido».

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Echar un polvo

Esnifar rapéEsta expresión proviene de la costumbre extendida en los siglos XVIII y XIX, de consumir entre las clases burguesas y aristocráticas el polvo de tabaco conocido como ‘rapé’, que llevaban consigo en delicadas cajitas.

Este polvo de tabaco era aspirado por vía nasal, por lo que solía provocar molestos estornudos y para ello, los caballeros que lo consumían en las fiestas y reuniones de sociedad, se retiraban a otra estancia con la intención de ‘echarse unos polvos a la nariz’.

Con el tiempo, esa excusa para ausentarse de la reunión comenzó a utilizarse también para poder tener fugaces y apasionados encuentros sexuales con la amante de turno, quien esperaba al fogoso caballero en otra sala. De ahí que, al convertirse en una práctica común, se acabara aplicándose el término ‘ir a echar un polvo’ al acto sexual y ello propició que cuando dichos caballeros, en uno de esos encuentros fugaces, estaba copulando con su amada y alguien de la reunión preguntaba por su paradero siempre había alguien que respondía que se había ausentado para ‘ir a echar un polvo’.

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Poner las manos en el fuego

Las manos en el fuegoFrase utilizada para demostrar el respaldo total o la creencia ciega en algo o alguien. Su origen puede hallarse en el llamado Juicio de Dios u Ordalía. Se trataba de un rito pagano practicado por los pueblos llamados bárbaros, pero en especial por los germanos, para determinar la culpabilidad de una persona involucrada en un delito o en un pecado grave.

Si el sospechoso salía ileso o con pocas quemaduras, luego de exponer sus manos al fuego, era declarado inocente. Existían diversas variantes:

– El acusado debía andar descalzo sobre seis u ocho rejas de arado al rojo vivo.
– El acusado debía transportar un hierro al rojo vivo una distancia de nueve pies o más.
– El acusado debía poner la mano en el fuego

El hierro candente era a veces sustituido por agua o aceite hirviendo o plomo fundido. Otras veces se hacía meter al acusado las manos en una hoguera. No se debe confundir con la tortura, que era empleada para hacer confesar al reo.

Cualquiera puede suponer que resultaba absolutamente imposible no quemarse, motivo por el cual el juicio era casi una farsa y la responsabilidad del imputado quedaba siempre demostrada. Sólo si se obraba un verdadero milagro el reo alcanzaba el perdón. La historia no registra ningún caso de inocencia.

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Descubrirse el pastel

Se descubrió el pastelEntre los siglos XVI y XVII, en España, se denominaba pastel a una especie de empanada rellena de carne. Esa carne, casi siempre de dudosa procedencia, era apenas una pequeña parte del total, en el que predominaba la masa. Por aquel entonces los pasteleros que lo cocinaban tenían fama de ser algo tramposos, en lo que se refería a los pesos y rellenos de sus pasteles, por lo que en más de una ocasión había algún cliente que no se fiaba del producto que tenía que comprar y solicitaba inspeccionarlo. El modo de realizarse era dando un pequeño corte lateral a la empanada y levantando la masa que la cubría, de esa manera se comprobaba (y por tanto, se descubría) si el pastel estaba correctamente relleno. Como es de suponer, a más de un pastelero se le descubrió el pastel al haber hecho trampas con el relleno de la empanada.

No faltó, incluso, quien acusó a los pasteleros de utilizar carne humana procedente de los ajusticiados. Basta leer el capítulo 4.º del libro segundo de El Buscón, de Quevedo, para encontrarse con estas palabras: Parecieron en la mesa cinco pasteles de a cuatro. Y tomando un hisopo, después de haber quitado los hojaldres, dijeron un responso todos, con su requiem aeternam, por el ánima del difunto cuyas eran aquellas carnes.

Esto propició que la expresión fuese popularmente utilizada para referirse a aquellos actos en los que se hacía trampa, ocultándose la verdad y terminaba por descubrirse el engaño. Por esta razón, la mayoría de expertos señalan que el término ‘pastel’ (además de ser un rico dulce que suele comerse a la hora del postre o merienda), fue adoptado dentro del argot de los tahúres que lo utilizaron para referirse a una fullería (engaño, trampa) durante el juego de cartas.

En el Diccionario de la RAE puede encontrarse que una de las acepciones que se le da a pastel es: ‘En el juego, fullería que consiste en barajar y disponer los naipes de modo que se tome quien los reparte lo principal del juego, o se lo dé a otro su parcial’.

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