Entradas con la etiqueta ‘personaje historico’

Salvarse por los pelos

Por los pelosEstá expresión, tiene su origen en el ámbito marinero. Se utilizaba vulgarmente para decir que alguien ha evitado una situación complicada por muy poco o alguien se ha librado de algún daño o peligro en el último momento.

En tiempos pasados para enrolarse en un navío no era preciso saber nadar, fuera cual fuese el cargo. Y entre la tripulación, era habitual recomendar a los novatos que se dejasen crecer una melena para que, en caso de caer por la borda y hundirse, fueran más visibles en el oleaje y, así tuvieran más posibilidades de ser rescatados.

De hecho, la larga cabellera era el mejor asidero para sacar del agua a alguien que se estaba ahogando, pues la ropa suele desgarrarse y la piel húmeda resulta resbaladiza. Por eso, era habitual que los marineros tuvieran melenas largas, incluso quienes sabían nadar preferían tener el pelo bien largo.

Según parece, en España, esa moda de llevar el cabello más largo de lo normal se extendió entre los miembros de otros cuerpos del ejército, por lo que José Bonaparte (más conocido popularmente como Pepe Botella), acostumbrado a la estética impoluta que lucían los soldados franceses, cuando fue coronado Rey de España, mandó que todos los soldados que estuvieran bajo órdenes de la monarquía llevasen el pelo corto y la barba rasurada.

Los marineros que estaban bajo sus órdenes, lanzaron el grito al cielo, entre protestas y trifulcas, exigieron poder llevar el pelo largo, ya que les daba garantías de no morir ahogados. Finalmente se “Salvaron por los pelos”, y fueron autorizados a mantener sus largas cabelleras.

Share Button

Viejo verde

Viejo verdeHoy en día, la expresión “viejo verde” tiene una connotación totalmente negativa, asociada a la lujuria, lascivia u obscenidad que presenta una persona de edad avanzada.

Pero esto no siempre fue así, ser un viejo verde, allá por el siglo XVI, era muy satisfactorio pues con ello se quería decir de una persona que conservaba su vigor, lozanía, juventud o vitalidad.

Incluso a los hombres maduros de pelo canoso se les comparaba con las cebollas, hortalizas de la familia de las liliáceas, que se caracterizan por tener la cabeza blanca y el rabo verde, de donde proviene otra expresión más peyorativa aún: viejo rabo verde. Sebastián de Covarrubias ya dijo en 1611: “Es el color de la yerba y de las plantas cuando están en su vigor… No dejar la lozanía de mozo habiendo entrado en edad… A los que siendo viejos tienen verdor de mozos, decimos ser como los puerros, que tienen la cabeza blanca y lo demás verde”.

Fue posteriormente a partir del siglo XVII cuando se le fue dando una connotación obscena, al término viejo verde, que tanto en italiano como en francés conserva su sentido favorable.

Aplicandose incluso en el siglo XIX a cuentos, chistes y representaciones de tono obsceno, lascivo y lujurioso.

Share Button

Porque a los Franciscos les llamamos Paco y a los José, Pepe?

Ambos apelativos comparten una historia similar y corresponden a acrónimos surgidos de títulos asociados a figuras cristianas.

San Francisco de AsisPaco

Se relaciona con San Francisco de Asís, fundador de la orden de los Franciscanos, el resto de monjes de la comunidad de hermanos se dirigían a él como “Padre de la comunidad” o “Pater comunitatis” en latín. Dada la relevancia de este personaje histórico, con el tiempo se usaron las dos letras de sendas palabras formando el término “paco” para denominar a las personas que se llamaban “Francisco”.

 

Pepe

El caso del apodo Pepe para los José también tiene su fuente en el cristianismo, es a causa de la función de José de Nazaret, esposo de María, el cual, según la religión católica, principalmente en las lecturas del Nuevo Testamento, era el “padre putativo” (“pater putatibus” en latín) de Jesucristo o lo que es lo mismo, el que tenía la función de padre sin realmente serlo. Por dichas iniciales PP es por lo que con el tiempo a los llamados “José”, se les conocía también por “Pepe”.

Share Button

Ser más chulo que un ocho

ChulaposUsamos ese modismo para decir de alguien que actúa con cierta altanería y desafío y o va vestido de forma muy arreglada.

En la Comunidad de Madrid, España, un “chulo (a)” o “chulapo (a)”, perteneciente a una de las clases populares de la región, era la persona que desde el Siglo XIX y vestido de la forma estilada en la época, actuaba en conjunto con un característico orgullo y presunción, que lejos de ser arrogante, emanaba un tradicional encanto.

La indumentaria en las mujeres se conformaba de una blusa ajustada y una larga falda de lunares; en la cabeza un pañuelo rematado por un clavel. En los hombres pantalón generalmente negro, una chaqueta con un clavel en la solapa, chaleco y una gorra a cuadros blancos y negros llamada “parpusa”.

Estos chulapos, engalanados de esa guisa, tenían costumbre de, en el 15 de Mayo, (festividad de San Isidro Labrador, patrón de la localidad de Madrid) acercarse a la ermita del Santo a rezarle y realizar un festejo con bailes y comidas tradicionales en la pradera que lleva su nombre. El medio de transporte que empleaban masivamente era la Línea 8 del tranvía de la época, que hacía el recorrido entre la Puerta del Sol y el barrio del río Manzanares.

El pueblo acuñó esa frase, en la que enfatizaban el hecho de que no había algo con más chulería que un tranvía cargado de “chulapos”.
La festividad y la indumentaria en las celebraciones del Santo se ha mantenido intacta hasta nuestros días.

Tranvía linea 8

Share Button

Gilipollas

Gil ImonTal vez debido a nuestro carácter latino, somos los españoles un pueblo dado a la verborrea, gesticulamos y exageramos en nuestro modo de comunicarnos con los demás. Tenemos también una tendencia al incremento de palabras nuevas, que con el uso, se acaban incorporando al vasto universo del lenguaje.

Tal vez uno de estos calificativos más populares y extendidos es “gilipollas”.

Existía en la época del Duque de Osuna, allá por el siglo XVI, un personaje de alto copete llamado Don Gil Imón. Parece ser que era un destacado fiscal del Consejo de Hacienda de la época de Felipe III. Otras fuentes parecen indicar que este representante gubernamental era en realidad un insigne alcalde.

D.Gil Imón gustaba de codearse con gentes de las más altas esferas; acudía a reuniones de pompa donde se debatía acerca de asuntos de estado de gran trascendencia y donde se daba cita lo más granado de la sociedad madrileña.

Asistía a estos actos sociales siempre en compañía de sus dos hijas, muy poco agraciadas físicamente, a lo que se sumaba que poseían una inteligencia muy poco desarrollada. Debido a las escasas dotes de las muchachas, los pretendientes no abundaban. Por ello, cada vez que el alto funcionario aparecía en una fiesta junto a sus hijas, las malas lenguas comenzaban a comentar entre sí «Ahí va de nuevo don Gil con sus pollas», palabra que era empleada en la época para referirse a las mujeres jóvenes.

Rápidamente la asociación de ideas fue inevitable y los personajes de la época más proclives a la invención de mofas, la sorna y el ingenio comenzaron a fusionar en un mismo término la estupidez y las hijas del fiscal. Así, cuando se quería señalar que alguien parecía alelado o era corto de entendederas, se aludía a las «pollas» de don Gil Imón. De este modo, parece ser habría nacido la palabra «gilipollas» que conocemos hoy en día.

Aunque también existe el vocablo caló «jilí» cuyo significado es «inocente o cándido».

Share Button

Quien fue a Sevilla perdió su silla

Enrique IVEn realidad, la expresión está mal dicha porque debería decirse «Quien se fue de Sevilla, perdió su silla». Este dicho está basado en un hecho histórico que tuvo lugar durante el reinado de Enrique IV (1425-1474), rey de Castilla.

Le fue concedido el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, don Alonso de Fonseca. Dado que el reino de Galicia andaba revuelto, el arzobispo electo pensó que la toma de posesión del cargo no iba a ser cosa sencilla, por lo que pidió ayuda a su tío. Don Alonso se desplazó al reino gallego, pero pidió a su sobrino que se ocupara del arzobispado sevillano durante su ausencia.

Don Alonso de Fonseca restableció la paz en la revuelta diócesis de Santiago, pero cuando volvió a Sevilla para recuperar su cargo se encontró con la desagradable sorpresa de que su sobrino se negaba a devolverle la silla arzobispal hispalense. El enfrentamiento entre tío y sobrino creó un gran revuelo y hubo que recurrir hasta el Papa Pío II que intervino finalmente enviando fuerza armada, a la intervención del rey castellano y al ahorcamiento de algunos de sus partidarios, para reponer a su legítimo ocupante en el cargo y destituyendo a quién aprovechando la ausencia del que se había ido de Sevilla, había ocupado su silla.

Share Button

Poner las manos en el fuego

Las manos en el fuegoFrase utilizada para demostrar el respaldo total o la creencia ciega en algo o alguien. Su origen puede hallarse en el llamado Juicio de Dios u Ordalía. Se trataba de un rito pagano practicado por los pueblos llamados bárbaros, pero en especial por los germanos, para determinar la culpabilidad de una persona involucrada en un delito o en un pecado grave.

Si el sospechoso salía ileso o con pocas quemaduras, luego de exponer sus manos al fuego, era declarado inocente. Existían diversas variantes:

– El acusado debía andar descalzo sobre seis u ocho rejas de arado al rojo vivo.
– El acusado debía transportar un hierro al rojo vivo una distancia de nueve pies o más.
– El acusado debía poner la mano en el fuego

El hierro candente era a veces sustituido por agua o aceite hirviendo o plomo fundido. Otras veces se hacía meter al acusado las manos en una hoguera. No se debe confundir con la tortura, que era empleada para hacer confesar al reo.

Cualquiera puede suponer que resultaba absolutamente imposible no quemarse, motivo por el cual el juicio era casi una farsa y la responsabilidad del imputado quedaba siempre demostrada. Sólo si se obraba un verdadero milagro el reo alcanzaba el perdón. La historia no registra ningún caso de inocencia.

Share Button

Despedirse a la Francesa

Despediste a la Francesa

Cuando alguien se marcha de un lugar sin despedirse de los presentes, se suele decir que éste “se ha despedido a la francesa”.

El origen del término viene de una costumbre que se popularizó entre la alta sociedad y burguesía de Francia a mediados del siglo XVIII. Esa constumbre, a la que bautizaron como “sans adieu” y que significa ‘sin adiós’, se realizaba cuando uno de los asistentes a una fiesta o acto social decidía marcharse. Éste debía abandonar la estancia discretamente, sin llamar la atención ni despedirse de nadie (incluyendo a los anfitriones), siendo de muy mala educación que saludase o indicase su deseo de marcharse a alguien.

Con el tiempo, todo volvió a la normalidad y el uso del saludo para despedirse volvió a ponerse de moda, viéndose con malos ojos y como un acto de mala educación el irse de un lugar sin decir nada, por lo que se comenzó a aplicar la expresión“despedirse a la francesa” como alusión a aquella antigua y maleducada norma.

Paradójicamente, los franceses utilizan la expresión “filer à l’anglaise” (marcharse a la inglesa) para referirse a aquellos que huyen o escapan de un lugar y es muy utilizado, sobre todo, para referirse a los ladrones. Todo hace suponer que las continuas enemistades históricas entre franceses e ingleses llevaron a la creación y utilización de esta frase y su uso de modo despectivo. (fuente: http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/cual-es-el-origen-de-la-expresion-despedirse-a-la-francesa/)

Share Button

Como Pedro por su casa

La frase de hoy es “Como Pedro por su casa” que hace referencia a la comodidad con la que una persona se desenvuelve en un entorno nuevo, se siente tan bien que es como hubiera estado ahí siempre. El equivalente actual probablemente sería “Como pez en el agua”. ¿Quién es ese Pedro que se sentía tan cómodo en todos lados?
Resulta que la frase es una derivación de otra de finales del siglo XI, que decía “Entrar como Pedro por Huesca”. La cual hace referencia Pedro I de Aragón, rey de Aragón y Pamplona, que combatió a los árabes en la península Ibérica. Cuentan los historiadores que era un gran estratega militar y gracias a esto pudo conquistar los territorios de Huesca y Barbastro.
La victoria en Huesca fue tan contundente, que se interpretó como si no hubiera existido resistencia y Pedro simplemente hubiera llegado a reclamar lo suyo. Por tal motivo cada que alguien entraba de manera confiada a un lugar desconocido se hacía referencia a esta batalla. Con el tiempo se fue adaptando a otros territorios, algunos de los cuales nunca habían oído hablar de Huesca, por lo cual se fue sustituyendo por una casa.
Una vez más nos topamos con un hecho que llega a manos de una persona creativa, la cual lo adapta a una frase aplicable a la vida cotidiana, misma que pasa a la posteridad cientos o miles de años después.
Share Button

Llevársela al huerto

Se suele situar el origen de la expresión en “La Celestina”, donde Melibea es llevada al huerto en sentido literal y figurado por las artimañas de la alcahueta, aunque es probable que ya esta obra reflejara una fórmula común en la época. No faltan quienes apuntan otros posibles orígenes (incluso la traición de Judas Iscariote en el Huerto de los Olivos) pero parece claro que el huerto ha jugado desde tiempo inmemorial un papel destacado en la imaginería lúbrica popular. (Fuente: http://working-language.blogspot.com.es/2010/11/llevarse-al-huerto.html)

Share Button
Entradas recientes
Síguenos en facebook
Síguenos en Twitter