Entradas con la etiqueta ‘soldados’

Salvarse por los pelos

Por los pelosEstá expresión, tiene su origen en el ámbito marinero. Se utilizaba vulgarmente para decir que alguien ha evitado una situación complicada por muy poco o alguien se ha librado de algún daño o peligro en el último momento.

En tiempos pasados para enrolarse en un navío no era preciso saber nadar, fuera cual fuese el cargo. Y entre la tripulación, era habitual recomendar a los novatos que se dejasen crecer una melena para que, en caso de caer por la borda y hundirse, fueran más visibles en el oleaje y, así tuvieran más posibilidades de ser rescatados.

De hecho, la larga cabellera era el mejor asidero para sacar del agua a alguien que se estaba ahogando, pues la ropa suele desgarrarse y la piel húmeda resulta resbaladiza. Por eso, era habitual que los marineros tuvieran melenas largas, incluso quienes sabían nadar preferían tener el pelo bien largo.

Según parece, en España, esa moda de llevar el cabello más largo de lo normal se extendió entre los miembros de otros cuerpos del ejército, por lo que José Bonaparte (más conocido popularmente como Pepe Botella), acostumbrado a la estética impoluta que lucían los soldados franceses, cuando fue coronado Rey de España, mandó que todos los soldados que estuvieran bajo órdenes de la monarquía llevasen el pelo corto y la barba rasurada.

Los marineros que estaban bajo sus órdenes, lanzaron el grito al cielo, entre protestas y trifulcas, exigieron poder llevar el pelo largo, ya que les daba garantías de no morir ahogados. Finalmente se “Salvaron por los pelos”, y fueron autorizados a mantener sus largas cabelleras.

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A pies juntillas

Expresión que utilizamos cuando queremos hacer hincapié en que creemos algo o a alguien con total seguridad.

RayuelaSu origen sin embargo no está demasiado claro, pero se cree que viene de un antiguo juego infantil en el que se debía saltar con los pies juntos y los ojos tapados por una venda y donde se seguía las instrucciones de un compañero, quien iba indicando qué se tenía hacer para ir saltando de un recuadro a otro que estaban pintados en el suelo. De ahí que ese hecho/acto de tener los pies juntos y creer ciegamente en lo que decía el compañero de juego.

Una de las derivaciones de este juego es la “Rayuela”, consistente en tirar una piedra a una casilla numerada e ir a recogerla alternando saltos con los pies juntos o otros recuadros a la pata coja.

También se dice que podría venir de la postura de estar firmes (en la que se colocan los dos pies en paralelo y muy juntos) otorgándole a la expresión ese significado de firmeza o seguridad a la hora de creer en algo.

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Se te ve el plumero

Milicia Nacional 1812Este dicho tan recurrente se usa para indicar que una persona deja traslucir de forma involuntaria sus verdaderas intenciones o pensamientos en un asunto.

Esta curiosa frase tiene su origen en el uniforme de la antigua Milicia Nacional, cuyos integrantes cubrían sus cabezas con un gorro militar coronado por un llamativo penacho de plumas, lo que hacía que se les divisara de lejos, incluso entre la multitud.

La Milicia Nacional era un cuerpo de voluntarios que fue instituido en las Cortes de Cádiz de 1812. Fue un instrumento de los progresistas en su lucha contra el absolutismo y sus miembros siempre estuvieron del lado de las clases populares durante las revoluciones que sacudieron este convulso período de nuestra historia. Obviamente, esta Milicia fue suprimida por el partido conservador cuando accedió al poder.

Pronto la Milicia Nacional se convirtió en símbolo de la progresía liberal frente a las tendencias absolutistas, y el llamativo penacho o”plumero” con que se adornaban vino a representar la defensa de las ideas progresistas. Así, en la prensa de la época empezó a decirse de los políticos que mostraban inclinación hacia la causa liberal que “se les veía el plumero“.

Otra teoría es la fábula de La corneja y los pájaros, escrita por el griego Esopo en el siglo VI a.C. La fábula cuenta que Júpiter, el padre los dioses, para nombrar al rey de los pájaros, señaló una fecha en la que todas las aves deberían comparecer ante él, para así elegir a la más bella. Todos los pájaros se acercaron a la orilla del río para acicalarse y arreglarse el plumaje. La corneja, consciente de su fealdad, se dedicó a recoger las plumas que se habían desprendido de los otros pájaros y se las prendió en el cuello. Al llegar el día señalado por Júpiter, todas las aves acudieron al concurso. De todos los plumajes, el de la corneja resultó ser el más bello y elegante. Pero cuando estaba a punto de ser coronada, los demás pájaros, indignados por el engaño, se le echaron encima y cada cual arrancó del penacho las plumas que le pertenecían. Y la corneja no consiguió el tan preciado puesto, por vérsele el plumero, o sea, el penacho de plumas de pega.

Así que lo dicho, cuidado no se os vea el plumero.

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Quien fue a Sevilla perdió su silla

Enrique IVEn realidad, la expresión está mal dicha porque debería decirse «Quien se fue de Sevilla, perdió su silla». Este dicho está basado en un hecho histórico que tuvo lugar durante el reinado de Enrique IV (1425-1474), rey de Castilla.

Le fue concedido el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, don Alonso de Fonseca. Dado que el reino de Galicia andaba revuelto, el arzobispo electo pensó que la toma de posesión del cargo no iba a ser cosa sencilla, por lo que pidió ayuda a su tío. Don Alonso se desplazó al reino gallego, pero pidió a su sobrino que se ocupara del arzobispado sevillano durante su ausencia.

Don Alonso de Fonseca restableció la paz en la revuelta diócesis de Santiago, pero cuando volvió a Sevilla para recuperar su cargo se encontró con la desagradable sorpresa de que su sobrino se negaba a devolverle la silla arzobispal hispalense. El enfrentamiento entre tío y sobrino creó un gran revuelo y hubo que recurrir hasta el Papa Pío II que intervino finalmente enviando fuerza armada, a la intervención del rey castellano y al ahorcamiento de algunos de sus partidarios, para reponer a su legítimo ocupante en el cargo y destituyendo a quién aprovechando la ausencia del que se había ido de Sevilla, había ocupado su silla.

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Mandar a la porra

Vete a la porraMira que te pueden mandar a sitios raros, pero mandarte a la porra. Pues aunque parezca extraño también hay una explicación para esta frase.

Antiguamente, en el ámbito militar, el soldado que ejecutaba el tambor mayor del regimiento llevaba un largo bastón, con el puño de plata y mucha historia detrás, al que se llamaba “porra”, este bastón, muy labrado, grande para ser visto sin problemas por todos los músicos, abandonaba sus labores rítmicas y se colocaba en un lugar determinado del campamento cuando el batallón había salido de excursión fuera de sus cuarteles. Por lo general, este bastón era clavado en un lugar alejado del campamento y señalaba el lugar al que debía acudir el soldado que era castigado con arresto: “Vaya usted a la porra”, le gritaba el oficial y el soldado, efectivamente, se dirigía a ese lugar y permanecía allí durante el tiempo que se mantenía el castigo. Posteriormente, fue cambiada la forma de castigo, pero la expresión mandar a la porra quedó en el uso del lenguaje del pueblo con un matiz netamente despectivo.

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